21.5.08

Enramades y demás




Ains... ¿Por qué estaré tan cansada estos días?



Hoy hay una explicación más o menos lógica: me levanté a las 6,15 h. para hacer las 8 horas seguidas en el trabajo y así entrar al exámen de evaluación de inglés a las 17,30 h. Por suerte tengo la sensación de que ha ido bien, y por eso no me duele tanto el haberme vuelto a subir al arosilla (con dolor de cabeza) a las 20,45 h., post listenning, reading, grammar and writing... y aquí estamos, poniendo esta pseudo-bitácora al día. Sí, sí, las actualizaciones son un poco anárquicas, pero esas son mis circunstancias, pese a quién pese.


¿Qué decir? ¿Que el vecino ya está en pleno apogeo "presencial"? Ya escucho su Tv por las noches, cuando me meto en la cama, y los fines de semana vuelve a poner la música a todo taco, así que está bien, por suerte. Previa mini-conversación sé que está bien y que no se acuerda de nada (o eso dijo), así que el tema queda zanjado. Ahora tengo otro tipo de música ambiental: del 22 al 25 son las Enramades en Sallent. Una fiesta tradicional declarada de interés cultural que, por desgracia, está yendo a menos... Las nuevas generaciones parece que no tenemos ganas de dedicar días al año a reunirnos con el vecindario para hacer los magníficos adornos que, durante 4 días, engalanarán las calles más céntricas del pueblo. Antes casi todas eran impresionantes, y aunque lloviera (que siempre llueve), tenían un mérito digno de admiración. A ver si este año se recuperan, porque sino la gente va a pasar de largo para ir a la Patum en Berga. Festividades con una larguísima costumbre (desde la Edad Media), pero que pierden parte de su atractivo cuando tú tienes que trabajar como cualquier día mientras la mayoría se queda en sus camitas o se va a pasear el jueves por la mañana (que acostumbra a hacer sol... ya veremos).
Las de la foto son mi hermana y su peque cuando aún era la única reina de su casa (creo que es de hace 3 años). Ése es un buen ejemplo de calle Enramada, los peques y los no tan peques nos quedábamos embobados con la cara del súper-reloj...
Con toda seguridad hay más cosas que quería escribir aquí, pero cuesta concentrarse con los ojos semi-cerrados y un persistente dolor de cabeza, así que lo dejaremos aquí... excepto por el otro experimento que hay que probar...

Es un caprichillo mío, la verdad, pero es que Coldplay es mucho Coldplay, y The Scientist es de lo mejorcito, lo mejor. En vista de que no tengo ganas de investigar cómo puedo enlazar directamente para subir el vídeo a mi blog aquí hay un "copy&paste" de los de toda la vida... que aproveche!

5.5.08

Una madrugada made in Hollywood

Era ya madrugada y Berúthiel volvía de la gran ciudad. En la noche de sábado de un estéril puente festivo había cenado con el grupo y luego habían agotado los últimos cartuchos curioseando la Wii Fit recién adquirida de la parejita. A Berúthiel no le entusiasman los videojuegos, pero tampoco iba a pasar nada por alargar la velada de ese modo...
Lo cierto es que tuvo sus dudas sobre volver de madrugada o quedarse en casa de Drixita a dormir y volver ya de día. Que se encienda un led en el panel del coche y que encima parpadee insistentemente no invita a conducir 70 km. por una carretera solitaria, pero Berúthiel se sentía audaz. No, audaz no; valiente sería una persona que se arriesga teniendo y/o confiando en sus recursos. En esos casos Berúthiel es temeraria: la imprudencia hace que tome según qué decisiones pensando que no va a pasar nada... Y fue cierto; como siempre, el automóvil se portó bien y aparcó el coche en la iluminada plaza casi una hora más tarde, agotando una tertulia radiofónica que se lamentaba de la poca solidaridad vecinal que se sufre hoy en día (anótese este detalle; será decisivo a continuación).
Los tacones resonaron en la madrugada violando el silencio (sí, sí, se debe resaltar ya que Berúthiel no suele llevar zapatos tan femeninos como para "taconear"). Al llegar a la entrada notó un sonido extraño, pero optó por girar la llave y entrar. Algo se lo impidió. La puerta no pudo avanzar más que unos centímetros, y entonces toda la valentía sentida se diluyó al ver que, efectivamente, la puerta no se abría porque había un cuerpo en el suelo del portal que lo impedía. No costará mucho imaginar el escalofrío que corrió por su espalda acompañado de un zumbido atronador que nubló sus sentidos. Taconeando con más energía volvió calle abajo y, muy dignamente, se sentó en el coche como si no hubiera pasado nada. Cerró el seguro de la puerta, claro está. Una vez allí sopesó la situación: no se lo había imaginado, eso estaba fuera de duda. No había visto gran cosa del hombre que parecía haberse apropiado de su portal, pero estaba convencida de que era "el vecino de las juergas"; tenía su lógica. ¿Qué hacer? En esos momentos ni se le ocurrió volver, pero no había muchas opciones: llamar pasadas las tres de la madrugada a sus hermanas estaba descartado desde el principio. Ir a dormir a casa de los padres era una idea peor: ninguna excusa sería creíble, y decir la verdad suponía una sentencia de acoso paternal para los años venideros. No... como buena indecisa Berúthiel se quedó un rato en el coche, con la esperanza de que el sujeto se despertara y subiera a su casa.
Observó el ir y venir de los coches y el dial de la radio vagabundeó sin destino. Un 4x4 se detuvo misteriosamente junto al contenedor de ropa, el conductor dejó una bolsa y se volvió a marchar. A decir verdad eso ya era algo raro, pero ella tenía otras cosas en qué pensar. Casi media hora más tarde decidió poner en marcha el coche y comprobar, desde la seguridad del automóvil, si la situación había progresado. Pero no: el durmiente había cambiado de posición y hasta se había quitado las botas. Tan absurdo como cierto. Entre divertida y exasperada decidió ir a la cabina telefónica de otra plaza y llamarlo al móvil, aunque no imaginó que su propio pueblo pudiera ser tan atemorizante a las cuatro de la madrugada mientras insertaba cuarenta céntimos en la cabina. La situación dejó de ser divertida al comprobar que su único dinero suelto no llegaba para hacer la llamada, y desde esa posición vio como el mismo automóvil de antes se detenía junto al contenedor y el conductor dejaba algo. A las cuatro de la madrugada.
El temor ya se había infiltrado en su circuito sanguíneo cuando volvió a subir al coche y regresó a la plaza, dejando el coche en el mismo lugar como si no se hubiera movido. Intentando olvidar el mal trago y la decepción, escuchó con interés Rne, para darse cuenta de que no era posible que un colaborador de un programa esotérico de la radio nacional fuera tan poco profesional... y hasta creíble. Berúthiel escuchó por primera vez que existe un triángulo "sagrado" allá en Madrid, entre el Escorial, el Valle de los Caídos y la Silla de Felipe II. Curioso al menos, si no fuera porque todas las explicaciones eran vagas y de un misterio tan barato que hasta daba vergüenza.
Eso acabó con sus dudas. Berúthiel inspiró con fuerza, salió del coche, y armada con el móvil en una mano y las llaves en la otra decidió coger el toro por los cuernos. Abrió el portal con decisión y se dio cuenta de que la idea más peregrina que le había pasado por la cabeza era cierta. En el suelo había un charco de sangre, y el rostro manchado de un marrón coagulado del vecino se levantó del suelo. Aunque suene a cliché la mezcla entre el olor a sangre y alcohol y su mirada entre perdida y asustada es de lo más perturbador que Berúthiel ha sentido en su vida. El chip solícito se activó ipso facto y, esquivando todo rastro de sangre, ella intentó ayudarlo a levantarse antes de subir a su piso y llamar al médico de guardia del ambulatorio. Pudo ser acertado, pero el vecino logró subir las dos plantas en ese tiempo, entrar en su piso y cerrar la maldita puerta, a pesar de que Berúthiel le rogó que no lo hiciera.
Evidentemente eso desencadenó el desenlace. Berúthiel escuchó un golpe sordo en el piso de arriba. Salió al encuentro del médico, la enfermera y la pareja de policía local y les explicó la situación. Se puso ropa cómoda y encendió el televisor para comprobar que en el canal autonómico hacían episodios de Stargate que ella no había visto. Escuchó las llamadas insistentes del timbre, los golpes en la puerta y la frustración de los recién llegados. Un poco más tarde una luz anaranjada intermitente se coló por la persiana y con golpes atronadores los bomberos destrozaron el cerrojo de la puerta de arriba. Se asomó al fin a la puerta y un enfermero de la ambulancia le dijo que el vecino estaba bien, con un corte alargado pero superficial en la cara pero bien. Se lo llevaron al hospital para comprobar que no hubieran más problemas. Pero ella ya no tenía sueño, y el reloj dió las siete de la mañana viendo la carrera de 125cc del Gran Premio de China.
¿Que cómo acabó la madrugada más extraña de Berúthiel? Con dos mossos d'esquadra sentados a la mesa rellenando formularios mientras la pareja de policía local veía la carrera por la Tv... Aunque parezca que no, esas cosas pueden pasar en la vida real.
FIN

24.4.08

Un particular día de la Rosa y del Libro

Ayer volvió a ser 23 de abril. El florido día de Sant Jordi que aquí en Catalunya tiene una tradición muy especial. Aparte de la onomástica y de la leyenda de San Jorge, del nacimiento de Cervantes y de Shakespeare (no estoy muy segura de eso, pero no me apetece buscar), aquí existe la tradición -ahora sustentada por el siempre interesado mundo del comercio- de regalar rosas a las mujeres y libros a los hombres. Sí, es sexista; y sí, me avergüenza en parte por ello. Rosas he recibido pocas en mi vida (qué se le va a hacer... aunque tranquilidad, sobreviviré a esa falta), y los libros que me han llegado a través de los años han acostumbrado a ser un auto-regalo. No seré tan hipócrita como para decir que no me gusta recibir rosas -siempre rojas, tan aterciopeladas y fragrantes-, pero una mujer también puede recibir libros (sí, ése es el regalo perfecto: un libro adornado con una rosa). E ídem, un hombre debería poder recibir una rosa, aunque para muchos pudiera quedar raro, es cierto... Dejémoslo así.
Llevo tres años en que este día es un suplicio para mi pobre persona. Al pasear por las pobladas calles al salir del trabajo la tentación me corroe: ahí están los culpables, esos libros tan a la vista, recéptaculos de tanta atención (al menos por un día). Pero no; me acerco tímidamente y ojeo alguno, y si la curiosidad me vence miro esos cuatro dígitos escritos a lápiz en la última página y así se desvanecen mis dudas. Me trago la tentación, vuelvo a dejar el libro donde estaba, me giro y me alejo, pensando en todos los volúmenes que acumulan polvo en las estanterías de mi pisito y en casa de mis padre. Ahí se acabó todo.
Otro asunto espinoso es el de la rosa. Evidentemente, la tradición empezó con que fuera el hombre "enamorado" quién regalara la flor a la mujer, pero eso fue degenerando en el padre que regala la rosa a la hija, el hijo que regala a la madre, el nieto que se acuerda de la abuela... Y muy fácilmente el asunto trasciende al sexo femenino. Vamos, que acaba siendo una orgía de flores rojas, blancas, amarillas, azules y multicolores (personalmente, qué mal gusto...), con su espiguita, su envoltorio (con o sin senyera) y demás. Seis millones de flores vendidas a una media de 3 euros... vamos, que en un día el asunto sube a 18 millones de euros de nada. Como siempre, aquí hay más de uno que se frota las manos cada 23 de abril.
En esta ocasión me negué en redondo. Me autoconvencí de no caer en esa espiral de consumismo y decidí hacer algo más ecológico a la par que original (o sea, más barato). A las 13,30 h. aparqué mi coche, cogí mi bolso y, sin perder más tiempo, me acerqué a la montañita que hay al pie de casa de mis padres. Me esperaba una subida nada despreciable, pero en plena primavera no me costaría mucho encontrar flores... ¡JA! Como siempre, Murphy acaba apareciendo cuando menos te lo esperas, y da la coincidencia de que ésa es la montaña más desertizada del término municipal llamado Sallent. Acabé llegando a lo alto de la subida en plena solana, con jersey negro de cuello alto, zapatos y bolso, aunque ahí encontré la recompensa: algunas amapolas, manzanilla, "pan-y-queso" (no sé su nombre real, pero en casa siempre las hemos llamado así), una especie de lavanda que no huele a nada, cebada y tomillo. Al acabar mi ramo apareció un señor por el camino y me observó con cierta curiosidad. Yo entablé con él una absurda conversación y me largué camino abajo, a poner las flores en agua y hacer la comida.
Ahí es cuando la gata entra en acción. Sólo hice que llegar y ya apareció por el pasillo con cara de interesada. Sí, hablo de la misma gata que nunca viene a recibirme, a no ser que lleve interminables horas solita en casa. Aunque me duela reconocerlo, vino por interés (al fin y al cabo, es una felina...): debía requeteoler todas las flores y mordisquear la cebada. Intenté explicarle que podía ahogarse (eso no, ¡caca!) pero, como es normal, ni caso. Lo reconozco, tuve que dejar el ramo en la mesita de la habitación de mi madre, con la puerta bien cerrada (porque la cochina sabe abrir la puerta, ¿eh?).
Volví al trabajo y después me digné a aparecer por la clase de inglés (¿qué decía del salvoconducto?). Gracioso, pues al entrar descubrí que en clase tan sólo estaba el profe y dos alumnos más, por lo que mi retonno tuvo mucho más valor. Acabamos siendo seis, y descubrí que un alma caritativa se acordó de mí esos días de exilio y me recogió todas las fotocopias. Ya estábamos en medio de la clase, (fuera las paradas de libros debían estar en plena ebullición), cuando las nubes se amontonaron y se cargaron como a cámara rápida y comenzó una tormenta de esas de verano que a casi todos nos encanta ver a cubierto. Pobrecitos los que estaban fuera disfrutando de la ex-soleada tarde, comprando libros con rosas en las manos... Ains, qué injusta que es la vida a veces...

15.4.08

...VERBORREA con mayúsculas...

¿Queréis que diga que me abducieron venusianos rojos?
¿O tal vez que he estado en un stage equilibrando mi ser al son del hermano-sol, hermana-luna?
¿O puede que me enamorara locamente del vendedor de enciclopedias y haya estado todo este tiempo encerrada en la suite de un hotel de ******?
Debería reconocerlo y escribir que me quedé encerrada en un maldito lavabo de una gasolinera de la A2 y que he estado todo este tiempo adelgazando para caber por la ventanilla y escapar...

Pues no, lo siento, en todo este trayecto vital de un sólo sentido he comido menos ensaladas de las que querría y más guarreridas de las que debía. He dormido más cuando menos tocaba. Me he autodesterrado de la English Country (aunque con salvoconducto para volver...). Nuevos amigos incorpóreos se han unido a mi elocuente soledad y ya no estoy tan sola conmigo misma y mis circunstancias. He pasado olímpicamente de las Thirteen Moons para enfrascarme a medias con Hood. El otro día me digné a fregar mi hogareño parqué de plástico para que una enana de grandes ojos y pelo ensortijado lo ensuciara horas más tarde (y, evidentemente, así se ha quedado de nuevo el parqué, que hay carestía con el agua, collons!).

He viajado, sí, gracias a Aquello quenoséporqué Permanece Oculto. Hice caso a ese pequeño ser rojizo, agraciado con unos cuernos muy seductores que danza a la izquierda de mi cabecita. Me fui de fantasymereth a Segovia en carroza y acompañada de dos seres vivos que me conocen... ¡por dos nombres! Y en Segovia, justo donde una semana después se escaparon 7 toros bravíos (eso fue una señal, seguro...) pasé unos deliciosos días en los que disfruté pseudo-cantando, buscando el chorro de agua en la ducha, comiendo "cosas" indefinidas, quedándome afónica por las corrientes de aire, singing in the snow... Si hasta recuerdo con cariño el insoportable olor a detergente barato de la manta. Fue un bálsamo, en serio, a pesar de que no se note especialmente en estos momentos de inquietante verborrea.

Y el pequeño demonio volvió y me ayudó a encontrar un vestido decente en todos los sentidos (excepto para las fotos... ¡horror! suerte que son pocas). Y dos semanas más tarde volví a viajar hacia La Tierra del Color Especial junto a ¡tres personas que me conocen por mis dos nombres! y a una enana que tuvo la desfachatez de ser la más guapa durante esos tres días. Allí volví a reunirme con deliciosa gentecilla y celebramos la boda de un osito de la luna de Endor que ahora estará de crucero por el Mare Nostrum.

Aquí estoy de nuevo. Igual que siempre, pero un poco diferente. Qué sé yo... más mayor; cómo decirlo... más curtida. ¿Más desencantada? Por suerte puedo responder a eso con rotundidad: NO. Al son de Shiwa he descubierto que las buenas vibraciones existen. Que hay que construirse un barquito sencillo (sin ostentaciones, por favor) y dejarse llevar por la Gran Corriente. Que nada de lo usual merece esos sofocones que a veces me creo, yo y mis circunstancias, pero que todo merece mi maravilla y mis ganas de descubrir. Total, si todo es relativo en esta vida nuestra...

Y sí, por si cabía alguna duda, mañana sonará el primer despertador a las 7 h., y el segundo a las 7,15 h. Que me levante entonces o 10 minutos más tarde... quilosá... pero en el fondo no me importa.

24.1.08

Un catastrófico domingo astromántico de octubre...

...junto a Marlene, escuchando la música del ascensor e ideando maniobras de escapismo.
Este es el resultado de escuchar el penúltimo disco de Love of Lesbian, mi descubrimiento musical del viernes pasado. Tuvo que ser en El Sielu, durante el retorno a mis viejas noches de sábado. Un retorno un pelín descolocado (todo hay que decirlo): le tengo que agradecer a mi marchoso hermano mayor el haber ido al concierto y así descubrir a este grupo barcelonés que ya lleva varios años haciendo música, pero eché de menos caras conocidas y oídos familiares a los que gritar tonterías al ritmo de batería y guitarras en directo.
Pues sí, el título de este post viene a cuento; el domingo pasado (y por ende todo el findesemana) fue así como catastrófico. El sábado tocó quedarse a dormir en el hospital para hacer compañía a la mamá, recién operada de prótesis de rodilla. Y mira que había un plan B muy atractivo rechazado por un plan A anterior, pero ni A ni B: tuve que conformarme con acompañar a la convaleciente y escuchar al Gorina vía auricular desde la Finestra Indiscreta despotricar de mis queridas películas aún no vistas y a su ejército de pajarillos peloteros. ¿Destilo mucha amargura? No es mi intención, en serio; escribo como me sale, sin ninguna intención previa. O sea, vomito palabras. Continuemos:
Y una sonámbula Berúthiel condujo hasta su nidito solitario, desayunó con avidez pre-menstruótica "algo que tuviera chocolate, lo que fuera" y se metió en la cama a las nueve y media de la mañana de domingo. Resultado: tarde de domingo tumbada en el sofá con estómago revuelto y cabeza migrañosa. Pues sí, el lunes me recibió de nuevo en la comodísima butaca de acompañante del hospital, recuperándome de ese asqueroso malestar general que a veces me toca un poco los ovarios. Cuando al fin me dormí reconozco que caí en un sueño profundo y reparador (la mami se tuvo que conformar con oir mi respiración profunda si se despertó en algún momento de la noche esperando escuchar mi voz dulce solícita...). Volví a meterme en esa cama que no hago a consciencia desde hace ya demasiados días pero a la que tanto cariño le tengo y llegué a la oficina 3 horas más tarde de lo normal. Eso sí, aún dentro de mi derecho a 16 horas laborables de permiso por operación de un familiar directo. Las últimas 3 horas, qué penita...
Empecé el post con la voz de Santi Balmes vía Love of Lesbian, y acabo con la vida en dibujos animados de Mika, mis dos adquisiciones musicales de hoy. Y mira que dicen que no se puede ir a comprar por capricho, que hay que meditarlo antes, pero me lo merezco, ¡qué narices!
Pd.: en algún momento de los días previos quise haber escrito aquí sobre "Expiación", le film, pero me dejó bastante descolocada y opto por no decir nada aún y esperar a una segunda visualización para opinar. Eso sí, aún alucino en colores: la ganadora del Globo de Oro a mejor película es estrenada en el casposo cine Atlántida de Manresa, y no en Bages Centre, con el sonido, la pantalla y las butacas decentes. Y lo que es peor: ¡La mantienen en su segunda semana! Ains, no quiero ver lo que harán en esta tercera semana
Ppd.: de lo que sí tengo que escribir en el futuro es sobre esas dos parejas de ancianos (en el aspecto simpático y cariñoso de la palabra) que me encuentro cada mañana por la sinuosa "carretera de los huertos" mientras conduzco hacia el trabajo con resignación o con el ánimo de un nuevo día. Algún día tendré que pararme y decirles: ¡sois grandes!
Pppd.: Y sí, escribo bajo el influjo de la luna llena, soy consciente de ello.
Última Pd, lo juro: el título viene dado por los títulos de las canciones del álbum de LOL... tiene su gracia, de verdad...

2.1.08

Llueve

Cuando he salido de la oficina a las siete y algo más no me lo podía creer: ¡estaba lloviendo! ¡milaaaagro! El tiempo que hacía que la gente de alrededor echaba de menos la lluvia ya empezaba a ser preocupante, y de repente... ¡zas! Ni tormenta de cinco minutos ni xim-xim: una lluvia consistente que espero dure toda la noche.
Empezaba a ser muy necesario: ya las preocupantes imágenes de los pantanos invitaban a reflexionar y hasta desesperar, pero tan sólo hace falta pasear al aire libre lejos del asfalto para saborear el polvo de los caminos, la yerba gris no de invierno sino de sequía y algunos árboles que ya pierden fuelle... que siga, y por una vez me alegraré de que llueva toda una semana seguida si hace falta.
Aparte de esta buena noticia, este día caracterizado por "la vuelta al curro" ha ido bastante bien. Conseguir levantarse para callar el despertador del móvil situado estratégicamente en el comedor y no volver a la cama ha sido el primer mérito. Ese gran hito ha hecho posible llegar a una hora razonable al trabajo y poner a toda máquina a la calefacción de las oficinas: he hecho el paseo de rigor por todos los despachos para que el resto de personal no se encuentre los 12 ºC que me han recibido a mí al abrir la puerta de mi tercera residencia. ¡12,5 ºC! Después de una hora la temperatura subió un grado escaso, y después de eso nada ha podido quitarme el frío del cuerpo; habrá que arreglarlo con una ducha con agua calentita... ¡Y no digo nada del momento lavabo-pipí! Ains, que desespero... qué helada la taza del váter... qué injusticia...
El asunto es que este es un miércoles raro, no? Tendré que cenar (¡qué jambre!), ver un poquitín la tele y hacer algo de inglés (¡DESESPERACIÓN! I hate English... sometimes...), que ya se está alargando mi visita a la red de redes. Y mañana será otro día, ¿verdad?
Recordando a Tomeu Penya i sus canciones: 'Plou, i a fora bufa es vent, que me fa sentir petit, com un granet d'arena... Estic dins el llit, estic ben caleeent, avui ja no em mouré d'aquí... mmmmhhhhh !!!'

1.1.08

New Year's Day

'All is quiet
on New Year's Day...'


U2 y sus canciones oportunas a veces vienen al pelo, ¿verdad? Así que aprovecho la ocasión para decir lo siguiente:


¡ FELIZ 2.008 !
Ahí queda dicho. Es 1 de enero de 2008 y empiezo a tener un sueño demoledor. Anoche nos juntamos los amigotes y la peque en casa de Sandra, cenamos bastante bien, nos reímos con Polònia y casi nos atragantamos con las UVAS (se insiste con el temita, pero visto desde la distancia se recuerda con cariño el momento "campanadas"). Una traidora tuvo un acceso de risa, pero creo que todos cumplimos con la costumbre y empezamos el año nuevo de la mejor manera posible: con los dedos empapados de zumo de uva, brindando con cava y felicitándonos los unos a los otros.
Luego llegó la charla, la Tv y sus cosillas infumables de Nochevieja, regalicos (¡por fin tengo a Geralt de Rivia!) y partidas varias con la Wii. Para ser una persona que habrá disfrutado de los videojuegos muuuuy escasas veces es curioso que acabe la noche de findeaño así, pero lo interesante es estar junto a los amigos, chincharles un poco e intentar ganar a cierta persona al Trivial infructuosamente. A las 7,30 h. de la mañana se acabó "la juerga" y dormí tres horitas en casa de la anfitriona. Otros años me fui directamente a casa, pero es una hora de camino, y tras casi 24 h. despierta mejor no empezar el año corriendo un riesgo tan tonto al volante.
Al fin y al cabo, pude disfrutar de algo que me encanta del día 1 de enero: "viajar" en la primera mañana del año (mañana soleada y hermosa, por cierto). Habían más coches de lo que hubiera querido pero igualmente disfruté del trayecto hasta Sallent. Al llegar al piso para coger algunas cosas he advertido que el vecino de arriba seguía disfrutando de la juerga con la música a todo trapo y con las ventanas abiertas (a juzgar por las voces que se sentían, tanto por la escalera como desde la fachada), así que suerte que no vine a dormir a casa. Lo dejé cantando y verborreando bajo el influjo de una larga borrachera (creo) y abandoné mi querido pisito por unas horas más (por cierto: ahora debe estar durmiendo la mona, porque no se escucha nada de nada). Luego ha habido la comilona familiar, el café, los dulces, la cháchara y la vuelta a casa, amenizado con el "sobrineo" de rigor, con el sueño incrementado a la máxima potencia.
El ambiente hogareño a resultado ser... pues eso, hogareño (¡gracias a quién sea!), después del tormentón que tuvimos ayer gracias a mis inoportunas hormonas y las tonterías de los papis; así que se ha empezado bastante bien el año. Supongo que acabaré de anotar algunos propósitos más de año nuevo en la mini-lista de la nevera (si alguien opina que es una cursilería, está en su derecho. Y si a mi me apetece tener esa lista en la nevera y recordarla cada día, pues también estoy en mi derecho, ¿no?).
Qué se le va a hacer: nuevo comienzo, nuevas expectativas, nuevo día 2 de enero terriiiible y pilas nuevas. ¡Que duren, por favor, que duren!
¡carpe diem! (a ver si se me mete en la cabeza ya de una vez!!!!)