26.5.11

En el baúl de los objetos perdidos.

Sí, estoy viva...
Por suerte bien... con todo lo que está cayendo alrededor, pues bien, ¿cómo voy a estar?

...sólo que ando un pelín más perdida de lo normal...
...más silenciosa...
...vacua...
...aunque llena de preguntas
...y evitando las respuestas, cómo no
...atascada en una nada muy incómoda
...y aún buscando un lugar en el mundo, ¡aún!
...incapaz de enfrentar cara a cara según que cosas
...sintiendo que he llegado tarde a demasiadas citas con la vida
...pero aún con ganas de enmendar los errores
...de ser honesta conmigo misma
...de buscar esa chispa esquiva.
...y poder mirarme al espejo y respetar lo que vea.

Paso a paso, dicen. Toca reivindicar los pequeños cambios, así que... empecemos con la constancia.

29.4.10

Disculpe, Sr.Lobo, ¿puedo hacerle una foto?

Título curioso después de tanto tiempo sin escribir aquí. Deben ser las horas. O el cansancio, más mental que físico... No sé el motivo, pero aquí dejo la anécdota del día, uno de tantos demasiado submergido en los dramas laborales, que acaban engullendo el resto del día. Menos esta extraña situación que procedo a explicar a continuación...

Llegué a casa esta tarde con la intención de aprovechar este mini-verano adelantado y quemar mi histerismo laboral caminando por el monte. Sí, como el verano y otoño pasado, enfilé la vieja ruta de siempre: el Serrat del Xipell hacia arriba y en la bifurcación girar a la izquierda, y luego izquierda de nuevo, de regreso a la civilización. El campo tantas veces fotografiado tenía la cebada ya altísima, y he decidido que tengo que volver a hacerle una foto desde el mismo punto de siempre, y con esas fotos campestres acabaré por hacer algo, seguro... Bueno, ese no es el tema importante, vayamos al grano.

Después de la segunda bifurcación a la izquierda viene una bajada muy larga y pronunciada, donde el margen derecho del camino va quedando cada vez más alto mientras a la izquierda se vuelve a ver el pueblo precedido por el cementerio. Iba yo absorta en el maldito móvil, que no quería funcionar, intentando hacer una llamada cuando algo me ha hecho girarme hacia el margen derecho para fijar la mirada, directamente, en un lobo que me estaba observando, sentado entre la alta yerba. Sí, un lobo. Un lobo en pleno Bages, a 1 km. escaso de las casas bajas que delimitan la civilización y los altos cipreses de la última morada. Sin poder reaccionar apenas, sólo atiné a reducir la marcha sin dejar de mirarlo, y sonreírle. Estoy loca, lo sé, pero esa situación era tan improbable y extraña que no lo he podido evitar. Estaba maravillada viendo la faz, la cruz y las patas delanteras de ese ejemplar gris y escuálido, que de repente se quedó serio y me devolvió la mirada. Entonces fui consciente de que si mi impresión era cierta y no se trataba de un perro cruzado sino de un lobo de verdad estaba caminando sola bajo la atenta mirada de un animal salvaje. Dejé de mirarlo. Aceleré la marcha, pero sin correr. El corazón acelerado. Volví a girarme y ahí estaba, en el mismo sitio, más pequeño pero igual de impresionante, hasta que desapareció de mi vista por la orografía del camino.

Y aquí viene la segunda impresión. Tuve una sensación muy rara, como si "algo" pasara detrás mío provocando una reverberación en el ambiente que me rodeaba. Se me pusieron los pelos de punta y me giré, pero, evidentemente, ahí no había nada. Sólo se escuchaban los pájaros y un cortacésped que estaban utilizando muy cerca. Me tranquilicé, seguí caminando, dejé atrás el cortacésped, la tapia del cementerio y un perro con su amo, y todo volvió a la normalidad.

¿No me lo he imaginado, verdad? Lo curioso es que en ese encuentro, sospecho, irrepetible, tenía el móvil en la mano, y no se me ocurrió hacerle una foto a mi compañero eventual de excursión para asegurarme a mí misma que no me lo he imaginado. Y hasta puede que no sea un lobo (aunque tenga muy presente las imágenes de Felix Rodriguez de la Fuente y sus amigos del alma). Y seguro que mi extraño pálpito se debió al miedo y punto, ¿qué va a ser, sinó? Quién sabe; el colofón extraordinario a un día totalmente olvidable hasta ese momento.


Si me lo vuelvo a encontrar le hago la foto, aunque no me de permiso.


Pd.: Detalle añadido el día siguiente, con algo más de calma y la cabeza centrada: im-po-si-ble que fuera un lobo; sería un perro lobo de alguna granja cercana. Los lobos presentes en Catalunya están totalmente controlados en el Parque del Cadí-Moixeró. Sí, lo sé, ahora mi texto queda totalmente fantasioso y exagerado... pero bueno, es la impresión que tuve, y ahí queda la constancia. Sólo puedo decir: chavalote, si no eras un lobo me has engañado de todas todas, ¡applause!

29.6.09

Verano

Ha llegado el verano. Calor sofocante, la dictadura del sol, siestas imposibles, noches en vela, terracitas al atardecer... vacaciones...
No suele ser mi estación del año favorita, pero al menos la he empezado con buen pie. No, esa no es la expresión adecuada, pues el sábado fue cuando me desgracié los dedos meñiques de mis pies al ponerme un calzado que no debía para patear por Barcelona, así que no empecé con buen pie literalmente, pero creo que se me entiende, ¿verdad? Dejaría constancia visual de la piel levantada de mis deditos maltrechos, pero como no es de muy buen gusto lo dejaré a la imaginación y al recuerdo (aún hoy lunes me resiento y voy coja por las esquinas...).
Eso sí, el domingo fue un día veraniego con todas las de la ley. Cogimos la carretera hacia Solsona en la mañana soleada y una hora más tarde nos aposentamos a la orilla de la Riera Salada, dispuestos a chapotear en el agua helada, coger algo de color en la piel, reír en compañía de seres queridos y comer las socorridas patatas fritas con los macarrones que acaban siendo el mejor plato del mundo mundial, comidos con tenedores de plástico a la sombra de los pinos... Hasta tiene su atractivo el típico chorretón de sandía que recorre el antebrazo a su ritmo. Sí, se puede decir que hasta tuvo su gracia esa siesta en el irregular suelo mecidos por la melodía de la corriente, a pesar de la señora araña que decidió acabar con mi modorra al aposentarse en mi espalda. Hasta eso merece un recuerdo positivo, y ya es decir para mí.
Ahora bien, el verano también está teniendo otra imagen mucho menos atractiva: los incendios. En unas dos semanas ya he presenciado 7 columnas de humo en la comarca (esta tarde la última), desde la ventana de la oficina. Esa es otra "postal" indeseada del verano, y parece que este año quiere causar impacto. Veremos quién ganará la partida...







31.5.09

Tarde de domingo + filosofía oriental

Vaya tormentón acaba de caer. Aquí estoy, con la luz encendida, poniendo al día este blog mío que sigue sin estar especialmente lúcido, pero que SIGUE, que es lo importante :)
Domingo por la tarde. Esto se convierte en una costumbre, por lo que parece... A punto estoy de volver a irme, esta vez a una mini-reunión familiar y luego al cine, seguramente a "soportar" el careto de Tom Hanks en "Angeles y Demonios" o, con un poco de suerte, mis dos compañeros cinéfilos del domingo se convencerán de que es mejor ver "Los hombres que no amaban a las mujeres". Ojalá... si no, habrá que conformarse con ver a Ewan Mc Gregor con sotana :p
Semana acabada. Atrás han quedado la emoción y los festejos por la Champions del Pep-Barça (sí, tenía un alter ego culé escondido por ahí, ¿qué pasa?) y el nuevo vicio en el que se ha convertido cierto foro de cierto aguilucho... jeje... Algún día tocará dedicar un post a la serie revelación de Tve, pero antes esperaré a que pase algo más de tiempo y la vea con perspectiva, que ahora no soy muy objetiva con eso del SGM (o sea, síndrome de gonzalo de montalvo, una historia muy larga).
A lo que iba: esta mañana he vuelto a mi nueva costumbre y he enfilado la mañana de domingo por los caminos soleados. ¡Qué gozada! Con qué energías se vuelve, parece que se vea el día y la semana por venir de otra manera. Esta mañana me he liado la manta a la cabeza y he cambiado algo la ruta; en la encrucijada me he decidido por llegar a la ermita de Sant Martí de Serraïma. Y hacia allá que fui: a pleno sol, y con la bso de El Señor de los Anillos para crear algo más de ambiente, he caminado a buen ritmo hasta divisar esa silueta tan encantadoramente medieval, cuando estaba a punto de sacar el hígado por la boca...

Subí las escalerillas que llevan a la parte delantera, aparté de mis hombros las asquerosas telas de araña y me senté a la sombra, ante el campanario. Cinco minutos de silencio y vuelta a empezar, con energías renovadas para conseguir caminar los 10 km. de ida y vuelta en una hora y cuarto. ¡Misión cumplida!


Ahora tengo las agujetas de rigor, sí, pero me siento muy bien conmigo misma. A ver si esta costumbre de los domingos por la mañana se convierte en eso, en costumbre (aunque llevarla a cabo una horita antes no iría nada mal...).
Luego, tras la comida, ha habido una conversación de esas que te hacen redescubrir cosas que ya sabes. Mis cuñados son karatecas desde que eran unos pequeñajos; tuvieron la suerte de ser constantes y tener a mano las enseñanzas directas de un sensei que, más que entrenarlos para la competición, ha creado escuela para seguir mediante la práctica del arte marcial y el estilo de vida los preceptos del karate-do. Mi cuñado acababa de volver de un stage, y supongo que el tener tan cerca al sensei y sus enseñanzas ha hecho que habláramos largo y tendido sobre eso, de establecer en nuestra vida común la sabiduría ancestral para conseguir lo que todos deberíamos ansiar: mente sana en cuerpo sano. Algo tan sencillo como comer bien, respetar tu cuerpo y escucharlo y, por encima de todo, RESPIRAR, dedicar un tiempo cada día de nuestra vida a ser conscientes de la respiración, puede convertirse en toda una filosofía de vida...
O sea, que todo lo hablado unido con mis ganas de estar más cómoda conmigo misma me han llevado a un pacto con mi hermana: cada mañana levantarse un poco antes, salir al balcón, oxigenar el cuerpo con inspiraciones profundas, y hacer un ejercicio que con constancia le quitará terreno a la odiosa celulitis... Ya veremos; por ahora nos iremos llamando cada día para asegurar que ninguna de los dos nos "rajamos"... "Ooooooooommmmmmmm"




24.5.09

y de repente llegó el buen tiempo!

Mañana ya estaremos en la última semana de mayo. El tiempo no corre, vuela.
El calor ha llegado al estilo invasor, y estos dos días ha sido bastante agobiante... pero bueno, mejor calor que frío, por ahora. Este mediodía lo he comprobado yendo al albergue de Castelladral a comer. Paisaje precioso, comida abundante y buena y precios asequibles para ser domingo. Chapeau!!!


La verdad es que el albergue ha resultado ser un candidato para futuribles quedadas, aunque me parece que estan en peligro de extinción. Por si las moscas nos han enseñado las 3 habitaciones (un total de 50 plazas), los lavabos eran decentes y sé que se come bien, así que apuntado queda. Para regresar hemos dado la vuelta turística, volviendo por la carretera de Navás, y ha sido una gozada conducir con tranquilidad por un paisaje tan bonito... tan relajada he llegado que ni café ni ostias, me he metido en la cama y me he pegado un siestón de casi 1 hora que me ha sentado de perlas :)
Siguiendo la regresión en la que se ha convertido este post, esta mañana también he estado un poco más activa de lo normal para mi. A las 10,15 h, antes de desayunar, he cogido la cámara y me he ido a dar un paseo y a sudar la gota gorda (qué se le va a hacer si todos los caminos de Sallent empiezan en subida).
Aquí está la recompensa de casi media hora más tarde...
... después de haber sobrevivido a la aparición de un lagarto gigante (pobrecillo, si lo he asustado yo y ha salido corriendo, no me ha dado tiempo ni de acojonarme) me ha dado por hacer fotos a flores, a practicar con la cámara en plan autodidacta (un día de estos me tendré que estudiar a fondo la web de fotografía que me pasó cierta persona) y creo que acabaré imprimiendo esas fotos un siglo de estos y las colgaré en las aburridas paredes de mi piso, para darles algo de vidilla (suerte que al menos no son blancas; los colores algo decoran).


Así fue el penúltimo domingo de mayo. Precedido por un viernes desaprovechado y un sábado barcelonés y cinéfilo (algún día tenía que ser el primero en ver una película sueca en V.O. La experiencia fue genial: "Déjame entrar" es un peliculón en todas sus vertientes). Lo dicho, llegó el buen tiempo y las ganas de romper la monotonía!


26.4.09

¡Ay, mis pies!

Caminada Popular de Sallent 2009. Una excursión largo tiempo postergada.

Realmente es así; cada año la agrupación excursionista de Sallent organiza una excursión por el término municipal, como es común en varias poblaciones de Catalunya central. Hace años había hecho varias pero por diversos motivos acabé renunciando a ellas: falta de acompañantes, pereza (los domingos por la mañana suelen ser para dormir), coincidencia con la donación de sangre (ha pasado un par de años, y este también) y, varias veces, previsión de lluvias.

Esta ocasión no iba a ser menos y el tiempo prometía un domingo lluvioso, pero desde febrero había atado y requeteatado la posibilidad de apuntarme junto a un par de amigas y unas cuantas gotas no me iban a amilanar... Así llegué a esta mañana, encontrándome justo en el portal de mi bloque a las dos excursionistas junto a Nit, su atemorizante husky negra con su ojos marrón y azul y con el rabo entre las piernas, para variar. Las condiciones climatológicas eran perfectas: día encapotado, sin frío excesivo. Las condiciones anímicas inmejorables: aparte del miedo de la perra, las tres nos sentíamos con ganas de comernos los 18 quilómetros que nos iban a llevar campo a través hacia el norte, y con ese ánimo enfilamos las calles asfaltadas hasta llegar a la primera pista sobre tierra cuando llegaron las dos últimas integrantes del grupo. ¡Por fin!

Es inevitable comenzar las excursiones con subidas: Sallent reposa junto al río Llobregat, y todo alrededor son montañas y colinas surcadas por serpenteantes caminos que suben, suben y suben... Ahí fuimos, con un ritmo nada despreciable para poder atrapar al gran pelotón y así no quedarnos sin el chocolate caliente del primer refrigerio programado. Cuando llegamos al fin a la altiplanicie de Serrasanç y vemos la ermita las piernas ya han empezado a hormiguear, pero el paisaje es de lujo.

En ese punto empezó a chispear; una lluvia tímida que no nos intimidó en absoluto, por lo que enfilamos un estrecho sendero en el lateral de un campo de trigo situándonos en fila de a uno, nos pusimos el gorro del chubasquero y postergamos las conversaciones para un camino más holgado. En ese silencioso tramo llegó una de las delicias esperadas: la vivificante mezcla de olores (pino, hierba, tierra mojada, tomillo, romero, aulaga...) hizo que nos olvidáramos de las piedras de la torrentera por la que acabamos bajando. No exagero si digo que uno de los atractivos de la excursión era ese: disfrutar del aroma de la primavera.

Por suerte pronto llegó el segundo atractivo: el chocolate. ¡Qué deliciosa idea! Las fuerzas volvieron tras esa pequeña parada a unos 5 km. del inicio, y bastó para llegar con ciertas energías a la segunda parada técnica resguardada entre árboles. Allí había un grupo muy numeroso disfrutando de un riquísimo bocadillo de pan con tomate y botifarra, y allí nos quedamos, sentándonos por primera vez después de 12 km. de marcha. He de reconocer que en ese punto la planta de mis pies me dio el primer aviso, aunque todas mis penas se esfumaron al coger al vuelo mi vasito con café humeante unos minutos más tarde, con el estómago lleno.

Justo entonces la mañana empezó a oscurecerse en serio. Las nubes se amontonaron en el cielo y se levantó un aire nada agradable. Hubo algún trueno amenazador y... et voilà! Las insistentes y enormes gotas de lluvia hicieron acto de presencia para fastidio de todo caminante.

En cinco miserables minutos la fría lluvia me empapó la cara y me nubló la vista. A medida que las manos se iban helando los pantalones cambiaban a una tonalidad más oscura hasta que quedaron pegados a las pantorrillas, totalmente empapados. En ese punto debo reconocer que la excursión perdió parte de su encanto. Tiene su gracia caminar por el bosque con una ligera lluvia, pero no en medio de una tormenta, lo aseguro. A medida que el barro se fue apropiando de las botas, los 6 km. finales se duplicaron en esfuerzo, y ninguna de nosotras tuvo ganas de pararse a comer la pieza de fruta en la última parada, para qué nos vamos a engañar.

Es curioso como la mente juega con nosotros, pobres mortales. Cuando ya enfilamos el conocido camino de retorno junto a la carretera y supimos que el pueblo estaba a la vuelta de la esquina, todos los males se multiplicaron por diez. El cansancio, el frío, el dolor de piernas, la (terrible) irritación de la planta de los pies... todo por saber que estábamos a punto de llegar. Aún así nos desviaron del camino principal para seguir junto al río, y poder admirar como la alegre corriente era salpicada por las gotas de lluvia. Pues no; la única admiración posible era el no resbalarse en el lecho de piedras, limo y hierba machacada. Tenía algo de encanto, pero yo ya estaba en fase de negación. Mi mente sólo pensaba en una cosa: quiero llegar ya, quiero llegar ya!!!

Y sí, volvimos a enfilar el camino, pero a la tormenta le dio por arreciar y levantar un terrible viento racheado que nos caló hasta los huesos a modo de despedida. Porque cosa curiosa, fue llegar de nuevo al asfalto y la tormenta amainó hasta el punto de dejarnos recojer el obsequio (una práctica linterna) y comer cuatro patatas sin caer ni una gota. Qué delicadeza por su parte...



Ahora, claro está, sufro las consecuencias. Todo mi cuerpo está dolorido como si hubiera corrido una maratón, pero eso es aceptable (llevaba demasiado tiempo sin caminar más de media hora seguida). Lo que realmente me asusta son las ampollas de la planta de los pies y las abrasiones por caminar tantos km. con los calcetines empapados. Aparte del dolor de cuello y picor de oídos que me ha atacado sin piedad después de la siesta de dos horas y pico. Eso sí, mañana no sé cómo lograré levantarme de la cama e ir pasito a pasito hasta el trabajo.

24.4.09

La reafirmación del retorno

¿Cómo será eso que escribo dos días seguidos? Misterios de la humanidad...
Aquí estamos, noche de viernes típicamente tranquila, pero ante el teclado una vez más dispuesta a "divagar" un poco. Estoy cansada. Físicamente tal vez sea exagerado, aunque llevo dos días seguidos llegando a las 7,30 h. de la tarde y yendo a caminar lo que se dice vulgarmente "a saco". Luego me encuentro mejor (es una gozada, a decir verdad), pero llegados al viernes esto es casi mortal. Además, arrastro sueño vengativo. Esta semana he acortado demasiado las horas de sueño reparador y hoy lo sufro a tenor de lo que me pesan los párpados. Además, desde el miércoles he tenido los días más estresantes y negativos que recuerdo en muuuucho tiempo, por lo que hoy me he levantado (tarde) con dolor de cabeza y la espalda cargada. El dolor parece que se ha escondido, pero las cervicales empiezan a pasar factura... bufff... qué aburrimiento de mujer, paro ya.
A decir verdad tengo una novedad de la que hablar (novedad relativa, es de hace un par de meses). Y es que ya no estoy sola en mi pisito. No es que el hecho de estar sola me inquietara más de lo normal, pero vino una época mala de fatalismo, soledad y apatía y parece que la única manera que he tenido de que esas tres arpías vuelvan sobre sus pasos ha sido el adoptar a dos fieras. Audrey y Barry, dos rubiales que me llenan de pelos el piso y me rascan la puerta de la habitación a las 6,30 h. de la mañana (en serio, cada mañana, algún día le tiro la almohada a Audrey). Ya son adultos, pero se han acostumbrado "demasiado" bien a su nueva situación. Por desgracia no están al 100%, pero ya se han ganado su parcelita en mi corazón, y la ardilla junto al castrati me han hechizado. Aquí los tengo, a Audrey encima del escritorio observando cómo escribo y Barry en la cama, en reposo. Son geniales.



Ya tengo entradas para LoL. Algo bueno debía pasar hoy... soy feliz.

Voy a romper las ventanas
para que lluevan cristales,
ven a romper las ventanas,
ven a gritar como antes,
ven a romper las ventanas
y hacer del caos un arte,
voy a romper tus ventanas
y voy a entrar como el aire...