26.5.11
29.4.10
Disculpe, Sr.Lobo, ¿puedo hacerle una foto?
Llegué a casa esta tarde con la intención de aprovechar este mini-verano adelantado y quemar mi histerismo laboral caminando por el monte. Sí, como el verano y otoño pasado, enfilé la vieja ruta de siempre: el Serrat del Xipell hacia arriba y en la bifurcación girar a la izquierda, y luego izquierda de nuevo, de regreso a la civilización. El campo tantas veces fotografiado tenía la cebada ya altísima, y he decidido que tengo que volver a hacerle una foto desde el mismo punto de siempre, y con esas fotos campestres acabaré por hacer algo, seguro... Bueno, ese no es el tema importante, vayamos al grano.
Después de la segunda bifurcación a la izquierda viene una bajada muy larga y pronunciada, donde el margen derecho del camino va quedando cada vez más alto mientras a la izquierda se vuelve a ver el pueblo precedido por el cementerio. Iba yo absorta en el maldito móvil, que no quería funcionar, intentando hacer una llamada cuando algo me ha hecho girarme hacia el margen derecho para fijar la mirada, directamente, en un lobo que me estaba observando, sentado entre la alta yerba. Sí, un lobo. Un lobo en pleno Bages, a 1 km. escaso de las casas bajas que delimitan la civilización y los altos cipreses de la última morada. Sin poder reaccionar apenas, sólo atiné a reducir la marcha sin dejar de mirarlo, y sonreírle. Estoy loca, lo sé, pero esa situación era tan improbable y extraña que no lo he podido evitar. Estaba maravillada viendo la faz, la cruz y las patas delanteras de ese ejemplar gris y escuálido, que de repente se quedó serio y me devolvió la mirada. Entonces fui consciente de que si mi impresión era cierta y no se trataba de un perro cruzado sino de un lobo de verdad estaba caminando sola bajo la atenta mirada de un animal salvaje. Dejé de mirarlo. Aceleré la marcha, pero sin correr. El corazón acelerado. Volví a girarme y ahí estaba, en el mismo sitio, más pequeño pero igual de impresionante, hasta que desapareció de mi vista por la orografía del camino.
Y aquí viene la segunda impresión. Tuve una sensación muy rara, como si "algo" pasara detrás mío provocando una reverberación en el ambiente que me rodeaba. Se me pusieron los pelos de punta y me giré, pero, evidentemente, ahí no había nada. Sólo se escuchaban los pájaros y un cortacésped que estaban utilizando muy cerca. Me tranquilicé, seguí caminando, dejé atrás el cortacésped, la tapia del cementerio y un perro con su amo, y todo volvió a la normalidad.
¿No me lo he imaginado, verdad? Lo curioso es que en ese encuentro, sospecho, irrepetible, tenía el móvil en la mano, y no se me ocurrió hacerle una foto a mi compañero eventual de excursión para asegurarme a mí misma que no me lo he imaginado. Y hasta puede que no sea un lobo (aunque tenga muy presente las imágenes de Felix Rodriguez de la Fuente y sus amigos del alma). Y seguro que mi extraño pálpito se debió al miedo y punto, ¿qué va a ser, sinó? Quién sabe; el colofón extraordinario a un día totalmente olvidable hasta ese momento.
Si me lo vuelvo a encontrar le hago la foto, aunque no me de permiso.
Pd.: Detalle añadido el día siguiente, con algo más de calma y la cabeza centrada: im-po-si-ble que fuera un lobo; sería un perro lobo de alguna granja cercana. Los lobos presentes en Catalunya están totalmente controlados en el Parque del Cadí-Moixeró. Sí, lo sé, ahora mi texto queda totalmente fantasioso y exagerado... pero bueno, es la impresión que tuve, y ahí queda la constancia. Sólo puedo decir: chavalote, si no eras un lobo me has engañado de todas todas, ¡applause!
29.6.09
Verano
31.5.09
Tarde de domingo + filosofía oriental
24.5.09
y de repente llegó el buen tiempo!
Así fue el penúltimo domingo de mayo. Precedido por un viernes desaprovechado y un sábado barcelonés y cinéfilo (algún día tenía que ser el primero en ver una película sueca en V.O. La experiencia fue genial: "Déjame entrar" es un peliculón en todas sus vertientes). Lo dicho, llegó el buen tiempo y las ganas de romper la monotonía!
26.4.09
¡Ay, mis pies!
Realmente es así; cada año la agrupación excursionista de Sallent organiza una excursión por el término municipal, como es común en varias poblaciones de Catalunya central. Hace años había hecho varias pero por diversos motivos acabé renunciando a ellas: falta de acompañantes, pereza (los domingos por la mañana suelen ser para dormir), coincidencia con la donación de sangre (ha pasado un par de años, y este también) y, varias veces, previsión de lluvias.
Esta ocasión no iba a ser menos y el tiempo prometía un domingo lluvioso, pero desde febrero había atado y requeteatado la posibilidad de apuntarme junto a un par de amigas y unas cuantas gotas no me iban a amilanar... Así llegué a esta mañana, encontrándome justo en el portal de mi bloque a las dos excursionistas junto a Nit, su atemorizante husky negra con su ojos marrón y azul y con el rabo entre las piernas, para variar. Las condiciones climatológicas eran perfectas: día encapotado, sin frío excesivo. Las condiciones anímicas inmejorables: aparte del miedo de la perra, las tres nos sentíamos con ganas de comernos los 18 quilómetros que nos iban a llevar campo a través hacia el norte, y con ese ánimo enfilamos las calles asfaltadas hasta llegar a la primera pista sobre tierra cuando llegaron las dos últimas integrantes del grupo. ¡Por fin!
Es inevitable comenzar las excursiones con subidas: Sallent reposa junto al río Llobregat, y todo alrededor son montañas y colinas surcadas por serpenteantes caminos que suben, suben y suben... Ahí fuimos, con un ritmo nada despreciable para poder atrapar al gran pelotón y así no quedarnos sin el chocolate caliente del primer refrigerio programado. Cuando llegamos al fin a la altiplanicie de Serrasanç y vemos la ermita las piernas ya han empezado a hormiguear, pero el paisaje es de lujo.
En ese punto empezó a chispear; una lluvia tímida que no nos intimidó en absoluto, por lo que enfilamos un estrecho sendero en el lateral de un campo de trigo situándonos en fila de a uno, nos pusimos el gorro del chubasquero y postergamos las conversaciones para un camino más holgado. En ese silencioso tramo llegó una de las delicias esperadas: la vivificante mezcla de olores (pino, hierba, tierra mojada, tomillo, romero, aulaga...) hizo que nos olvidáramos de las piedras de la torrentera por la que acabamos bajando. No exagero si digo que uno de los atractivos de la excursión era ese: disfrutar del aroma de la primavera.
Por suerte pronto llegó el segundo atractivo: el chocolate. ¡Qué deliciosa idea! Las fuerzas volvieron tras esa pequeña parada a unos 5 km. del inicio, y bastó para llegar con ciertas energías a la segunda parada técnica resguardada entre árboles. Allí había un grupo muy numeroso disfrutando de un riquísimo bocadillo de pan con tomate y botifarra, y allí nos quedamos, sentándonos por primera vez después de 12 km. de marcha. He de reconocer que en ese punto la planta de mis pies me dio el primer aviso, aunque todas mis penas se esfumaron al coger al vuelo mi vasito con café humeante unos minutos más tarde, con el estómago lleno.
Justo entonces la mañana empezó a oscurecerse en serio. Las nubes se amontonaron en el cielo y se levantó un aire nada agradable. Hubo algún trueno amenazador y... et voilà! Las insistentes y enormes gotas de lluvia hicieron acto de presencia para fastidio de todo caminante.
En cinco miserables minutos la fría lluvia me empapó la cara y me nubló la vista. A medida que las manos se iban helando los pantalones cambiaban a una tonalidad más oscura hasta que quedaron pegados a las pantorrillas, totalmente empapados. En ese punto debo reconocer que la excursión perdió parte de su encanto. Tiene su gracia caminar por el bosque con una ligera lluvia, pero no en medio de una tormenta, lo aseguro. A medida que el barro se fue apropiando de las botas, los 6 km. finales se duplicaron en esfuerzo, y ninguna de nosotras tuvo ganas de pararse a comer la pieza de fruta en la última parada, para qué nos vamos a engañar.
Es curioso como la mente juega con nosotros, pobres mortales. Cuando ya enfilamos el conocido camino de retorno junto a la carretera y supimos que el pueblo estaba a la vuelta de la esquina, todos los males se multiplicaron por diez. El cansancio, el frío, el dolor de piernas, la (terrible) irritación de la planta de los pies... todo por saber que estábamos a punto de llegar. Aún así nos desviaron del camino principal para seguir junto al río, y poder admirar como la alegre corriente era salpicada por las gotas de lluvia. Pues no; la única admiración posible era el no resbalarse en el lecho de piedras, limo y hierba machacada. Tenía algo de encanto, pero yo ya estaba en fase de negación. Mi mente sólo pensaba en una cosa: quiero llegar ya, quiero llegar ya!!!
Y sí, volvimos a enfilar el camino, pero a la tormenta le dio por arreciar y levantar un terrible viento racheado que nos caló hasta los huesos a modo de despedida. Porque cosa curiosa, fue llegar de nuevo al asfalto y la tormenta amainó hasta el punto de dejarnos recojer el obsequio (una práctica linterna) y comer cuatro patatas sin caer ni una gota. Qué delicadeza por su parte...
Ahora, claro está, sufro las consecuencias. Todo mi cuerpo está dolorido como si hubiera corrido una maratón, pero eso es aceptable (llevaba demasiado tiempo sin caminar más de media hora seguida). Lo que realmente me asusta son las ampollas de la planta de los pies y las abrasiones por caminar tantos km. con los calcetines empapados. Aparte del dolor de cuello y picor de oídos que me ha atacado sin piedad después de la siesta de dos horas y pico. Eso sí, mañana no sé cómo lograré levantarme de la cama e ir pasito a pasito hasta el trabajo.
24.4.09
La reafirmación del retorno
Ya tengo entradas para LoL. Algo bueno debía pasar hoy... soy feliz.
Voy a romper las ventanas
para que lluevan cristales,
ven a romper las ventanas,
ven a gritar como antes,
ven a romper las ventanas
y hacer del caos un arte,
voy a romper tus ventanas
y voy a entrar como el aire...

